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La izquierda y el rojo

Sí, escribo con la derecha, pero no por iniciativa y convicciones propias. Yo siempre fui zurdo: Desde pequeño, cualquier cosa, cualquier herramienta siempre tendí a cogerla y a utilizarla con la izquierda: La cuchara, el cuchillo, el tenedor, el martillo, la tijera… Era instintivo, no veía la forma de poderla utilizar con otra mano que no fuera la izquierda. Aunque no siempre, ni con todas las cosa me fue permitido o consentido hacer uso de ella, a mi manera. Como por ejemplo, con la cuchara y el bolígrafo. ¡Cuantos cachetes me costo de pequeño hasta ser diestro, hasta escribir y comer como Dios manda!
Tanto en la escuela como en casa fui corregido, hasta perder esa iniciativa, esa fea y mala costumbre. El escribir con la izquierda, o utilizar la mano izquierda en hechos cotidianos estaba mal visto, mal mirado, y máxime en tiempos de Franco. Era, como llevar la contraria al régimen. No se podía ser de izquierdas, ni de nacimiento. No se podía escribir con la izquierda, ¡ni con tinta roja! Era una provocación, un acto de rebeldía. Había que escribir con azul y a derechas. Para eso estaban los maestros, para enseñarte y corregirte.
El hacerlo simplemente con negro, parecía ya querer decir o insinuar algo. Como que tampoco estabas muy de acuerdo, pero tenía su pase. Como si solo fueses anárquico o republicano. ¡Pero el rojo! Chsss. Había que murmurarlo al oído. El rojo, estaba terminantemente prohibido. Simplemente precauciones, seguridad, medidas del alto estado. Se te podía salir la tinta… y mancharte. Mancharlo todo de R o j o . . . Y extenderse… Era peligroso, y había que cortarlo de raíz. Erradicarlo de nacimiento, o como sumo desde la escuela. Para eso estaba el maestro…
No utilizándolo, no existiendo el rojo-nunca, nunca podría haber esa posibilidad. Si acaso, solo se podía utilizar para subrayar, o para pintar la bandera de España: Que no era Roja y Amarilla, que era Roja y Gualda. Eso si que lo aprendimos bien… ¡Cuantos cachetes me dieron de pequeño, hasta escribir y comer como Dios manda!
Hoy, después de tan drásticas y afines enseñanzas, y de actividades varias de la vida cotidiana, podría decirse que soy ambidiestro, ya por convicciones e iniciativa propia. Ambas manos las necesito, para comer, para vivir, para trabajar…
Aunque de siempre, esas tendencias y costumbres primerizas, nunca fueron tan fáciles de corregir y de erradicar. ¿No seré un poquitin tozudo y cabezota? La verdad, es que siempre me costó aprender. ¿Será el amor propio, o cierta tendencia generacional…? Decía el maestro, que con los mas zoquetes nunca se sabía. Eran siempre, los mas difíciles de corregir y adiestrar. Yo, de pequeño nunca fui un chico listo, he de confesarlo. Y de mayor… Decía el maestro, que si de pequeño no habías aprendido la lección, de mayor, Tururú Tururú… Caso perdido.
Fue una pena la intencionalidad en la enseñanza, incluso en los años sesenta.
(Para incluir en Sinfonía de un Lugar. Tras el cap: Los Buenos y los Malos)
 
Eulogio Carretero Bordallo.