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Las vacas flacas

EULOGIO CARRETERO BORDALLO 
 
“En mi opinión, nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo”.
(Ex presidente J. M. Aznar)
 
Cuando España entró en la CEE y por una serie de medidas e intereses, cambiaba la Peseta por el Euro (año 1999, siendo presidente J. M. Aznar “nunca nadie hizo tanto daño”), se nos ofreció una tarta muy jugosa y considerable como miembros honoríficos del mercado. Y allá estaban todos ellos en primera plana: gobierno, políticos, empresarios, sindicatos y allegados todos en torno al presente viendo la forma de repartirlo proporcionada y equitativamente.
Los trabajadores de este país, como de costumbre al margen, los últimos, sin enterarse acaso del evento, a expensas como siempre de las sobrantes migajas: “Hay que dejar que engorde la vaca para que dé leche abundante”, confiaban nuestros agricultores, ganaderos, pescadores, camioneros, obreros de la hostelería y de la construcción… “Algún día tendrá que cambiar esto. Algún día caerá algo de nuestra parte”, siguieron confiando.
Y España empezó a despegar y a ir en auge, prosperando como los demás países miembros de la comunidad y participes de la globalización de mercados: Se levantaron hospitales, se hicieron carreteras, edificios, ¡las torres más altas otearon en el horizonte de Madrid!, se construyeron pueblos enteros en la nada. Todo era abundancia y despilfarro sin pronóstico ni previsión… Y, el ciudadano, empezó a percibir ciertas ventajas y posibilidades en el mercado. Todo eran facilidades, compras y ventas a largo plazo: se bajaron los tipos de interés, uno podía comprarse un ático, un coche, un aparato… “Compre usted hoy y pague el año que viene”, decían los eslóganes. Todo apuntaba buenas expectativas en bolsa y en finanzas. El Banco Santander, el BBVA, Caja Madrid, las empresas, los empresarios, todo iba en boga, ¡viento en popa a toda vela!, ganancias sobre ganancias.
Las empresas del caso Gürtel y otros casos como el Palma Arena, se encargaron de hacer la labor de confianza. Se podían permitir el lujo de no declarar a Hacienda sus beneficios, no había quien los controlara. Se podían vender y repartir empresas públicas, sanear empresas privadas con el recaudo de los contribuyentes, se podían transferir empresas estatales “deficitarias”, como Repsol y Telefónica, a accionistas colaboradores… Nos engañaban, nos han engañado siempre: Nos cambiaron un euro por cien pesetas y los salarios se quedaron como estaban. “Nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo”. Nos estaban vendiendo el futuro por adelantado, hipotecándonos de por vida. Nos estaban estafando descaradamente, mientras ellos seguían el reparto en la ceremonia de guante blanco y chaqué, poniendo a buen recaudo la ganancia, en paraísos fiscales, lejos de España donde no tener nada que alegar a la Hacienda Publica, donde no tener nada que ver con este país de chusma y de desamparados.
De los trabajadores nadie se acordó, de revisarles el salario, de darles alguna mejora, aumentar sus beneficios sociales como base más sólida para el día de mañana… Pero la política, es así, no contempla medidas ni posibilidades, no mira el futuro inmediato de los trabajadores; mira la forma de embaucarlos y de maniatarlos, mira el momento, el oportunismo y el enriquecimiento rápido. ¡Así es la política! Para el trabajador sólo hubo cantos de sirenas y falsas esperanzas: “El Estado del Bienestar” brilló como una estrella fugaz en el horizonte, algunos llegaron a creer en el advenimiento de los reyes magos, incluso se llegó a mencionar las rebajas de las horas semanales para conciliar la vida familiar y laboral… De todo aquello nada de nada. Agua de borrajas.
Ahora que hemos despertado de nuestros sueños de grandeza, que se ha esfumado la codiciada ofrenda europea y llegan las vacas flacas; cuando “la crisis incontrolada” amenaza nuestra estabilidad, nos toca saldar las deudas contraídas, los días de bonanza y de malversación. Acostumbrados a la glotonería y al despilfarro, a estos oportunistas se les ha ocurrido la brillante idea, de seguir estrujando la teta de la vaca: otra vuelta de tuerca más sobre el sistema de capitalismo, otra vuelta de tuerca más sobre los mismos: Aumentar los años laborales para la jubilación, reducir los días de indemnización por despido, y de subida salarial: cero cero, o cero uno para ser más exactos, congelación, prácticamente sin calorías, ganancias para los de siempre. ¿Y qué más…, se pronostica que vuelvan a ser los mismos quien levanten esta España de arruinados. Nuestros políticos han perdido el norte, si es que alguna vez lo han tenido. ¡Si no hay calorías cómo puede funcionar esto! Cómo un señor presidente del FMI, con más de cuatrocientos mil euros, bonificaciones aparte de salario, se puede permitir el lujo de decir que se les debería bajar el sueldo a los trabajadores. ¡Cómo se permite tal desfachatez. En qué europeismo vivimos! ¡Calorías, calorías para los desamparados!
¿Hacia dónde miran los políticos de este país? ¿A quien representan? Habrá buenos políticos, no lo dudo, pero el capitalismo voraz los malogra, los arruina, como nos arruinará a todos. Cada vez se manifiestan con más descaro, estos voraces avarientos nunca se sacian, no tienen hondón ni miramiento. No hay quien nos ampare. Aunque los ricos sean cada vez más ricos, quiero creer que los pobres no son cada vez más pobres, o al menos así debería ser. Aunque para eso están ellos con sus políticas, con sus inflaciones y sus crisis, sus impuestos y sus recortes, para no dejar que estos puedan ser otra cosa. Para eso están ellos… Para los trabajadores siempre fueron /serán tiempos de crisis: los que tengan que apretarse el cinturón. Dudo de que esto no viniese también incluido en ese paquete europeo de medidas: empobrecer cada vez más al trabajador, quitarle poder adquisitivo, recortarle derechos e hipotecarle de por vida: Cada vez hay más herederos del capitalismo y, de alguna forma, a alguien les tocará mantenerlos. Y lo peor es que esto no cambia, sino para peor.
Si la derecha puede transferir empresas públicas, sanear la empresa privada con nuestro recaudo, si pueden seguir beneficiándose del bien generado por los trabajadores, si pueden seguir endeudando el futuro obrero e hipotecando nuestra vida y la de nuestros hijos…
Si la izquierda se siente incapacitada para llevar a cabo las reformas, si no tiene ideología ni liderazgo político para aplicar ciertas leyes que impidan, la malversación y el fraude: la crisis del trabajador. Si consienten y no son capaces de aplicar unos cánones de cotización en consecuencia: que paguen más quien más tiene… ¡Que paguen esta crisis los ricos, los beneficiados, los protegidos!…, que no siempre les toque a los mismos.
Si los sindicatos nos firman los convenios y nos venden los derechos adquiridos a cambio de nada, si cambian los acuerdos y los pactos y nos dejan tirados: sin trabajo, sin casa, sin recursos, pues ¿qué más… les queda por ver a estos dignos trabajadores de este país? Mi indignación, nuestra indignación es total. Vaya por delante mi repulsa para todos ellos: ¡Sí, señores dirigentes, la reforma laboral llega con diez años de retraso y con muy mala leche!
 
(Publicado en Lanza, 17 de Febrero de 2010)